¿Cuando repetimos, mejor amigo?

Nunca pensé que ocurriría, pero ahí estábamos, acostados en el mismo colchón, acurrucados en posición fetal, tu respiración en mi nuca y mis latidos a mil por hora.

Sentía cómo te mojabas los labios, saboreándome sin haberme probado, sentía como me deseabas… Y también comencé a sentir tu erección rozando mi trasero.

Yo tampoco soy ninguna santa, te deseaba mucho, no sabía si era por culpa de todo el alcohol que habíamos estado tomando o de lo que me producías cuando me tocabas por encima de mis calzas, lo que sí sabía era que quería más.

Comenzaste a darme besos en el cuello de una forma tan sensual que sentí cómo me mojaba y calentaba cada vez más; solo quería que me hicieras tuya. El único problema era que no estábamos solos, nuestros amigos dormían justo al lado nuestro, pero de espaldas, por lo cual… Podíamos intentar hacer algo.

Tímida pero ansiosamente metí tu mano por debajo de mi ropa interior, para que comprobaras lo que estabas provocando en mí por ti mismo, en ese momento sonreíste maliciosamente y me tocaste sin miedo, estábamos completamente tapados por lo cual no había problema en que alguien se diera cuenta lo que estaba sucediendo abajo de esas sábanas. Pero yo no me conformaba. Quería más. Quería sentirte dentro.

Retiré lentamente tu mano y me di vuelta, quedando enfrentada a ti, las ganas que tenía de besarte eran demasiadas pero aún así quería aguantarme un poco más -y hacerte desear- así era aún más excitante.

Después de comprobar que nuestros amigos estaban profundamente dormidos me subí cautelósamente encima tuyo y te comencé a besar el cuello lenta y apasionadamente, bajé tus pantalones y tu bóxer, mientras tú bajabas mis calzas y mis bragas, y finalmente comenzamos a follar. Joder, me follabas como los dioses, mi antiguo novio nunca logró hacerme correr y tú me causaste cinco orgasmos, lo más excitante de todo era que lo hacíamos lento y silencioso para no despertar a nadie, por lo cual para evitar gemir mordía tu lóbulo y tu cuello, que me di cuenta que te ponía mucho, y a mí también.

Seguimos follando con cada vez más ganas de no parar nunca, hasta que acabamos ambos y me volví a recostar al lado tuyo. Nuestras respiraciones estaban muy agitadas aún pero definitivamente estábamos satisfechos.

Nos miramos unos instantes, acabábamos de tener el mejor sexo de nuestras vidas. Te observé de arriba a abajo mientras me relamía, y lo único que alcancé a decir fue:

-¿Cuándo repetimos, mejor amigo?

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