Marcos, mi juguete y yo. Primer asalto

El otro día le pedí el teléfono al cajero de esa tienda que tanto me gusta. Su voz tan penetrante me llamó la atención desde antes de darme cuenta que además estaba de muy bien ver y la química entre nosotros se palpaba en el aire. La tensión mientras me cobraba, me recorre aun todo el cuerpo hasta la entre pierna cuando lo recuerdo.

Así que aquí estoy, esperando a que llegue a mi casa. Llevamos un par de días hablando por chat, y para que nos vamos a andar con rodeos. Los dos sabíamos desde un principio como iba a acabar esto, en sexo, y yo no puedo aguantar más lo excitada que estoy.

Llaman al timbre y voy embalada hacia la puerta. Correo. No puede ser. Mi última adquisición se a adelantado un par de días. Me sube aun más la calentura cuando por fin cierro la puerta y abro esa caja desesperádamente. Este juguetito promete darme los mejores orgasmos de mi vida, es un estimulador de clítoris. ¿Qué más se puede pedir en esta vida? Que le den a Marcos, yo no espero más. Busco unas pilas y me aseguro de saber exactamente que botones tocar. Tras lavarlo bien no espero ni un segundo más. Miro a mi alrededor, creo que debería tumbarme… Al sofá. Me pongo cómoda, lo enciendo y me lo coloco directamente en el clítoris, dicen que con esto no hacen falta preliminares… Mmm… Me gusta la sensación pero es muy flojo. Voy subiendo rápidamente hasta la velocidad máxima y empiezo a sentir como mi clítoris aumenta su tamaño. OH DIOS MIO. En cuestión de segundos estoy en el clímax, pero esta sensación no para, siento tanto placer que tengo que volver a bajarle las revoluciones. Sigo, probando velocidades, posturas, posición del juguete, me muevo, me quedo quieta y dejo que la vibración me invada entera… Para cuando vuelve a sonar el timbre ese señorito y yo ya somos íntimos.

Entonces un segundo de lucidez. Vuelvo a la tierra. MARCOS. Mierda. Me levanto corriendo y me fallan las piernas. Apenas puedo andar, el placer sigue recorriendo todo mi cuerpo. Con mi amiguito en la mano me dispongo a abrir la puerta – al darme cuenta lo escondo en la manga de mi jersey holgado y verde, ni siquiera he tenido que quitarme ni una pieza de ropa. Le abro. Mi estado de excitación debe ser muy evidente en mi cara. Me mira risueño y le hago pasar.

– Esta el ambiente un poco cargado, ¿no? – me dice – No tiene pelos en la lengua… Aun que puede que al salir de aquí tenga alguno.

– Si, bueno… – respondo sin saber que decir y haciendo aspavientos con los brazos, aun no tengo el cerebro enchufado.

– ¿Qué es eso? – me coge el juguete.

– Ups… – se lo cojo. Ahora si que no tengo palabras.

Le explico lo que estaba haciendo antes de que llegará él y se pone a cien. Yo ya estaba lista, así que me arranca las mallas llevándose el tanga detrás y hace lo mismo con su pantalón vaquero. No se como a llegado ese condón a su mano, pero se lo pone, me agarra por debajo del culo y me coloca a la altura de su miembro penetrándome bruscamente. Yo estoy tan húmeda que esto es exactamente lo que necesito. Enrollo mis piernas en su cintura y los dos acompasamos el ritmo. Él me mueve con los brazos
al tiempo que mueve la cadera y yo le doy más intensidad a la mía. Jadeamos, sudamos, reímos… Y me lleva al sofá. Allí nos acordamos de mi querido – y ahora intimo amiguito – que sigue en mi mano.

– ¿Me quieres hacer una demostración? – me pregunta divertido.

Él sigue penetrándome mientras yo enciendo el aparato y me lo coloco. Su mirada desprende aún más lujuria. No se si me da más placer esa mirada, su verga accionando mi punto G, o el vendito aparato haciendo vibrar mi clítoris. La mezcla es explosiva. Exploto. Empiezo a gemir a todo volumen, dentro del orgasmo más largo e intenso que jamás he experimentado.

Apago el juguete, y le pido a Marcos que saque su polla. Necesito un respiro.

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