Me gusta mirarle a los ojos y sentir como se pone nervioso. Me encanta pensar que cuando llegue a casa se masturbará mientras me desea; encontrarme en sus sueños más húmedos y perversos. Que la próxima vez que me vea se acuerde de cuando se corrió con la idea de follarme.

No me gusta ser directa, prefiero insinuar. Que hable mientras mis dedos juegan con mis labios y mi pelo. Dejar mi cuello al descubierto y que no pueda resistir mirar con deseo. Sentarme encima o acercar mi mano a su entrepierna. Que parezca que no busco nada, aunque mi ropa interior diga lo contrario. Sentir como se empalma y se le hace la boca agua.

Que lo soporte más y coloque sus manos en mi cuello y mi clítoris. Que ambos sonriamos perversamente. Sujetar sus manos apasionadamente y rogarle que me haga correrme. Que me folle duro y me pegue. Que me tire del pelo y me asfixie. Que me mire a los ojos mientras me sujeta la cara bruscamente. Que se corra en mis labios y mi lengua se divierta con su semen.

Dulce e inocente. Perversa y caliente.

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