Mi novio y yo tenemos una empresa juntos y debido a esto pasamos la semana entera viajando entre ciudades que nos pillan a unas 3 o 4 horas de camino. Normalmente para compensar gastos, ponemos nuestro vehículo en una App para compartir el coche desde nuestro punto de partida hasta el destino, sale bastante rentable porque ocupamos todas las plazas. La última vez no tuvimos tanta suerte por el tema económico, ya que nos fallaron dos de los tres que iban a subir, en fin, no hay mal que por bien no venga… El chico que no nos falló era de los más simpáticos que habíamos subido antes, tenía más o menos nuestra edad y le gustaban las mismas cosas que a nosotros. 4 horas de camino dieron para mucho, salió el tema del amor libre, los tríos, la educación sexual… saqué de mi Drive algunos relatos eróticos y me puse a leerlos, mi novio me miraba un poco avergonzado por si el otro chico se sentía incómodo, pero total, que más daba, solo lo veríamos esta vez, me daba igual lo que pensara de mí, me gustaba bastante hablar de estos temas abiertamente. Cada vez que me giraba para hacer algún comentario, pillaba al chico mirando a mi novio por el retrovisor y mordiéndose el labio, no me extraña porque tiene unos ojazos y una mirada que te hace temblar. Esta situación junto con los relatos que estaba leyendo y el ambiente que se estaba creando, me estaba poniendo húmeda, luché contra mi pudor e inicié el juego. Mientras mi novio conducía, empecé a acariciarle con amor el cuello y la nuca, paseaba mis dedos entre los suyos puestos en el cambio de marchas, lo miraba fijamente y acabé acercándome a su entrepierna con la mano. Miraba con descaro al chico que habíamos subido, parecía que quisiera esquivar mi mirada, pero no pudo evitar haberse empalmado viendo cómo le acariciaba. A mí me estaba produciendo mucha excitación darme cuenta cómo se sentía caliente por lo que estaba presenciando y la cara de desconcierto de mi novio por verme capaz de hacer esto delante de otra persona.

– ¿Te gusta lo que estás viendo?

– Bueno… eh… no sé…

Levanté mi ceja izquierda y con una sonrisa valiente le dije:

– He visto cómo le mirabas y sé que te gustaría ser tú quien paseara las manos por él.

– Mira, sí. La verdad que esta situación me está poniendo muy cachondo y me gustaría abalanzarme sobre vosotros.

Seguimos hablando sobre sexualidad, esta vez de manera más explícita. Llegamos a nuestra ciudad y le invité a subir a casa para pedir algo de cena juntos. Nos había caído bastante bien.

Fui al aseo y cuando volví, el chico estaba besando a mi novio, quien se mostraba algo más cohibido, pero disfrutando, así que me acerqué a él y le dije:

-Mi amor, tranquilo, estoy aquí. Siéntete libre.

Cogí su mano mientras el chico tocaba su cuerpo e iba bajando a su sexo, y le hice acariciar mi vulva hinchada, palpitante y húmeda. Con esto, acrecentó la excitación de mi novio y los tres nos sumergimos en un clima de aliento lleno de ardor, ganas y fantasía. Me llenaba de placer ver cómo el chico del coche sentía más atracción por mi novio que por mí mientras se centraba en sus genitales. Mi novio me puso a cuatro patas, tal y como me gusta, en nuestra posición cómplice para masturbarme tal y como me encanta, donde mejor siento el bombeo de mi sexo y sus manos calientes. Entre besos, alientos y corridas, disfrutamos del primer trio de nuestra vida.

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